La perspectiva de las vacaciones puede convencer al más alicaído de que merece la pena vivir la vida. Pocos acontecimientos, aparte del amor, se aguardan con tanta impaciencia o se convierten en el tema central de ensueños complejos y enriquecedores como las vacaciones. Quizá nos ofrecen la mejor oportunidad para alcanzar la felicidad, lejos de las limitaciones del trabajo, de nuestra lucha por la vida y por alcanzar una posición. ...
Pero naturalmente, la realidad del viaje rara vez se corresponde con los sueños. Las decepciones tragicómicas son conocidas por todos: la sensación de desorientación, la desesperación de media tarde, las discusiones, el letargo ante la decepción. ...
Una de ellas parte del hecho desconcertante de que cuando vemos fotos de lugares a los que queremos ir (e imaginamos lo felices que seriamos simplemente por estar allí) somos propensos a olvidar una cosa esencial: que tendremos que llevarnos a nosotros mismos. ... estaremos allí con nosotros mismos, aun aprisionados en nuestros cuerpos y nuestras mentes, con todos los problemas que esto supone. ...
... ciertos filósofos de la Antigüedad afirmaron, desde un barril o una choza de barro, que los ingredientes principales de la felicidad no podían ser materiales o estéticos, sino que siempre eran tercamente psicológicos.
... Su gran revelación fue que tenemos muchas mas posibilidades de estar contentos si aceptamos que es muy improbable que podamos ser completamente felices alguna vez.... “Solo hay un error innato”, escribió Shopenhauer, “y es la noción de que existimos para ser felices. Mientras instamos en este error innato, el mundo nos parece lleno de contradicciones, porque a cada paso, con las cosas grandes y las pequeñas, estamos abocados a experimentar que ni el mundo ni la vida están organizados con la finalidad de llevar una existencia feliz. (Días de ocio de Alain de Botton, en La Nación Suplemento Cultura del domingo 29/12/2002)

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home